Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea siervo ó sea libre. Efesios 6.8. Como sabemos, la salvación no depende de nuestras buenas obras, pero hay un principio que en la Iglesia le hemos nombrado la regla de oro, éste establece que el trato que le demos a las personas, será el mismo trato que recibiremos de ellas, (algo así como la tercera ley Newton “Cada acción tiene una reacción igual y opuesta”). Pero este pasaje del libro de Efesios, nos habla de un principio un poco más fundamental, pues la regla de oro ocurre entre personas, y Efesios 6.8, nos habla del trato que Dios nos proporcionará, no la gente, no las persona con las que seamos buenos o generoso, sino establece el trato y misericordia que Dios nos proporcionará por obrar bien, por seguir el ejemplo de Cristo y sus enseñanzas que nos han sido legadas por medio de los profetas, los evangelios y los escritos apostólicos, es decir, por la Biblia. Este pasaje nos indica que no importa nuestra condición sobre la tierra, si obramos bien con las personas, recibiremos el bien. Y lo más maravilloso de este principio, es que no lo recibiremos de nuestros compañeros, hermanos o correligionarios, jefes o patrones, lo recibiremos de nuestro Dios, el cual premia al que le busca con sinceridad. lunes, 31 de agosto de 2009
Recompensas del fiel III
Sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea siervo ó sea libre. Efesios 6.8. Como sabemos, la salvación no depende de nuestras buenas obras, pero hay un principio que en la Iglesia le hemos nombrado la regla de oro, éste establece que el trato que le demos a las personas, será el mismo trato que recibiremos de ellas, (algo así como la tercera ley Newton “Cada acción tiene una reacción igual y opuesta”). Pero este pasaje del libro de Efesios, nos habla de un principio un poco más fundamental, pues la regla de oro ocurre entre personas, y Efesios 6.8, nos habla del trato que Dios nos proporcionará, no la gente, no las persona con las que seamos buenos o generoso, sino establece el trato y misericordia que Dios nos proporcionará por obrar bien, por seguir el ejemplo de Cristo y sus enseñanzas que nos han sido legadas por medio de los profetas, los evangelios y los escritos apostólicos, es decir, por la Biblia. Este pasaje nos indica que no importa nuestra condición sobre la tierra, si obramos bien con las personas, recibiremos el bien. Y lo más maravilloso de este principio, es que no lo recibiremos de nuestros compañeros, hermanos o correligionarios, jefes o patrones, lo recibiremos de nuestro Dios, el cual premia al que le busca con sinceridad.
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