lunes, 23 de marzo de 2009

La vida cristiana es un proceso que consiste en ser cada vez más semejante a Cristo (Rom. 9: 29). Este proceso no será completo hasta que lo veamos cara a cara (1a Cor. 13.12; Fil. 3.21), pero saber que es nuestra meta final debe motivarnos a purificarnos. Purificar significa guardarnos en lo moral, libres de la corrupción del pecado. Dios también nos purifica , pero hay algo que debemos hacer para permanecer moralmente idóneos (I Tim. 5.22; Stgo. 4.8; 1a Ped. 1.22)

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Es verdaderamente inexplicable el imaginar qué será estar frente a frente con nuestro creador, ésto me motiva a buscar día con día la santidad, la purificación, el vivir conforme a la voluntad de Dios. Es cierto que el alcanzar por completo la purificación es un proceso un tanto largo y complicado pues vivimos rodeados de cosas que llaman nuestra atención aún más que las cosas de Dios, pero tenemos la esperanza de alcanzar por completo la santidad al estar en presencia de nuestro Padre... No sabemos con exactitud cuando ocurrirá éste momento, por ello hay que estar preparados!
¿Y tú hermano, estás preparado?
EdE

Anónimo dijo...

Este proceso de santificación, creo que es el más largo que puede existir, ya que no dura un curso, ni un mes, ni una decada, se dará a lo largo de toda la vida.

Sin embargo, no debe parecer largo e inalcanzable.

La vida cristina, como bien se ha dicho, consiste en una transformación del hombre viejo, lo que se traduce en esforzanos en conseguir el cambio de las actitudes, costumbres, pensamientos, hábitos, etc., que vamos reconociendo, a la luz de la Palabra de Dios, como incorrectas y pedir la ayuda de Dios.

Para conseguir triunfar en el cambio de vida, es necesario que cada uno de nosotros hagamos nuestra parte...ya que sin duda, nuestro Dios hará la suya. GLMP

Suc. 01 Centro Histórico dijo...

Con certeza afirmamos que el fruto del cristiano es la santificación: Mas ahora, librados del pecado, y hechos siervos á Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y por fin la vida eterna. Rom. 6.22, y Estoy totalmente de acuerdo como los comentarios que han sido expuestos anteriormente, el proceso de de santificación es largo, y solamente atendiendo a la palabra de Dios, podremos despojarnos de nuestra vieja manera de vivir, y hacernos siervos de Dios para que Él utilice nuestro temperamento, carácter, deseos e incluso pasiones, en bien de su reino, su obra y visión. Desde luego desea que hagamos un esfuerzo, y la suma de todos esos esfuerzos, nos permitirá alcanzar la meta de ser santos como Él quiere, es mi deseo buscar día a día más las cosas del Señor, involucrarme más en su servicio, que yo se que Él me dará, tiempo, bendición, y todo lo que necesite para alcanzar la meta. Pon asimismo tu delicia en Jehová, Y él te dará las peticiones de tu corazón. Encomienda á Jehová tu camino, Y espera en él; y él hará. Salmo 37.5-6

Anónimo dijo...

No es del que quiere ni del que corre sino de Dios que tiene misericordia. El Señor es el que pone en nosotros el querer como el hacer por su propia voluntad. ¿Cuál es la parte que nos corresponde para poder permanecer en santidad, para que ese proceso prosiga en nuestras vidas? Dejarnos poseer por el Espíritu de Dios. El es el que obrará esa santificación, esa transformación ese desear las cosas de arriba y no las de la tierra. ¿Yo, con mi esfuerzo? no, desmayaré en el camino y no podré permanecer.
¿El Espíritu Santo en mí? si, él hará todo y producirá en mi el deseo de hacer su voluntad y de alcanzar la santificación.
¿Qué es lo que me corresponde? Pedirle: Poseeme, Vive en mí, obra en mí, haz lo que quieras de mí. Soy tuyo, pertenezco a Dios, haz tu obra en mí.
La Palabra de Dios nos purifica y el Espíritu Santo ayuda a que esa obra sea permanente.
beh

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