miércoles, 4 de febrero de 2009

Institución de la religión cristiana

Juan Calvino, nacido como Jean Cauvin en Noyon, Picardía, Francia, era hijo de Gérard Cauvin y Jeanne Lefranc. Fue excelente en sus estudios y profundamente religioso desde su juventud.
Sus primeros estudios estuvieron destinados a la carrera eclesiástica. Así es que recibió formación inicial en el College de la Marche y en el College de Montaigne. El padre de Calvino era abogado y en 1523 envía a su hijo, que por entonces tenía 14 años, a la Universidad de París a estudiar humanidades y leyes. A instancias de su padre que pretendía que Juan Calvino siguiera el camino de las leyes, se enroló en las universidades de Orleáns y Bourgues. En 1532, se doctora en leyes en Orléans. Durante su paso por los claustros universitarios tomó contacto con las ideas humanistas y reformadas. En abril de 1532, cuando Calvino contaba con 22 años de edad, publicó un comentario sobre el De Clementia de Séneca, trabajo que puso en evidencia sus dotes como pensador. No está claro, del todo, cuándo Calvino se convierte al protestantismo.
En 1535 tuvo una experiencia personal que marcaría su destino. Con poco más de 20 años adoptó los puntos de vista de Lutero: negación de la autoridad de la iglesia de Roma por derecho divino, negando la sucesión apostólica desde el apóstol Pedro, y dando primordial importancia de la Biblia como única regla de fe y conducta, destacando la doctrina de la justificación del hombre por medio de la gracia, mediante la fe, y no por las obras.
Ante la proximidad de su muerte, Calvino redactó su testamento, diciendo: «Doy testimonio de que vivo y me propongo morir en esta fe que Dios me ha dado por medio de Su Evangelio, y que no dependo de nada más para la salvación que la libre elección que Él ha hecho de mí. De todo corazón abrazo Su misericordia, por medio de la cual todos mis pecados quedan cubiertos, por causa de Cristo, y por causa de Su muerte y padecimientos. Según la medida de la gracia que me ha sido dada, he enseñado esta Palabra pura y sencilla, mediante sermones, acciones y exposiciones de esta Escritura. En todas mis batallas con los enemigos de la verdad no he empleado sofismas, sino que he luchado la buena batalla de manera frontal y directa.»
Hoy quiero poner en sus manos una joya literaria de gran valor y aprecio para la comunidad evangelica protestanete, si bien es cierto este año se celebran los 500 años de su natalicio. No quiero que estemos ajenos a los homenajes de este notable reformador y uno de los más grandes teólogos protestantes, huelga decir que es un excelente momento para darle una hojeada a sus escritos que nos proporcionan nuestra identidad presbiteriana.
La descarga se realiza por el servidor de Rapidshare, si tiene una duda al descargar envíanos un correo a bethel.inpc.29@gmail.com y con gusto te explicaremos como descargar el libro

2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Por qué es tan difícil para nosotros testificar sobre nuestra fe en Cristo Jesús?
Casi siempre tenemos oprtunidad de hablarle de Dios a la gente que nos rodea, pero resulta inexplicable darnos cuenta de que la mayoria de las veces no lo hacemos ¿Por qué?
-Porque nos avergonzamos de Cristo
-Porque nos parecen mas interesantes otras cosas
¿Qué nos pasa?!!!!!!!!!
Estamos viviendo en un momento de libertad, en el cual nada ni nadie nos prohibe hablar del evangelio. ¿Qué estamos esperando? vivir tiempos difíciles como en la época de Calvino?

Suc. 01 Centro Histórico dijo...

Son preguntas muy difíciles de responder, ¿Por qué nos avergonzamos?, ¿Por qué tenemos otros intereses?, ¿Qué esperamos para hablar de Cristo?, mi única respuesta: Consecuencia de una verdadera conversión.
Estoy de acuerdo contigo de que vivimos una época muy. Ad hoc para manifestar nuestra fe, además la gente está muy necesitada de la verdad. Muy probablemente estos tiempos de aparente "Paz", que son tiempos de refrigerio son una prueba de fe que el Señor nos está otorgando. En mi opinión, debemos actuar y no observar, Dios pide de nosotros acciones, recuerda que el plan es de Dios, la visión es de Dios, la misión es de Dios para el hombre y la sumisión es del hombre para con Dios. Las preguntas Dios las responderá a su debido tiempo, mientras tanto, seamos sumisos a la visión de Dios y en cuanto a nosotros corresponda, hablemos de nuestro Salvador y Dios nos dará lo que nos ha reservado en su Gloria.

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